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asesinos seriales - jack the riper

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asesinos seriales - jack the riper

Mensaje por emospike el Miér 17 Feb 2010, 6:52 pm


Jack the Ripper - Jack
el Destripador


Ha pasado más de un siglo y
todavía perdura el misterio. Cinco crímenes perpetuados en
Whitechapel hacia 1888, que hoy, por el escaso número de víctimas
hubiesen ocupado pocas líneas en los diarios, en su momento revolucionaron
Londres y el mundo entero.
Durante cien años, investigadores, detectives, policías y
muchos aficionados han tratado de establecer un perfil psicológico
que ayudase a determinar la personalidad o el nombre del asesino, pero hasta
ahora solo se han podido identificar los nombres de unos posibles sospechosos.
Tal vez por ese motivo Jack el Destripador se ha convertido en el asesino
en serie más conocido de la historia. Su nombre nos evoca una silueta
entre la niebla del Londres Victoriano, una sombra con capa y sombrero negros
que ataca a sus víctimas y desaparece para siempre de la escena del
crimen... no en vano se han escrito sobre él cientos de libros, canciones,
óperas y películas. Es la perfecta historia de suspense, el
gran misterio sin resolver.
LAS VÍCTIMAS
En el año 1888, Whitechapel era uno de los
peores distritos de todo Londres. En las calles, hombres, mujeres y niños
arrastraban una vida de pobreza y delincuencia en la que muchas veces
el único alivio era el que podía ofrecerles una botella
de alcohol barato. Los callejones oscuros desembocaban en bares mugrientos
y burdeles miserables en los que algunas mujeres se ganaban la vida prostituyendo
sus cuerpos por unos pocos peniques. Fue precisamente aquí, en
el East End londinense, donde tuvo lugar el breve reinado de terror del
temido descuartizador que firmaba sus crímenes como "Jack
el Destripador".

Su primer crimen oficial, por así decirlo,
el que reconocen todas las crónicas, tuvo lugar el 31 de agosto,
aunque en su día se sospechó que por lo menos dos asesinatos
anteriores menos publicitados habrían sido también obra
suya.


Ese día estaba amaneciendo muy lentamente. Las calles todavía
estaban oscuras, y a pesar del frío algún que otro paseante
comenzaba a circular por el barrio. Uno de ellos distingue a lo lejos
el cuerpo de una mujer tendido en el suelo que a primera vista parecía
desmayada, pero cuando se acerca para tratar de ayudarla, ve que unas
terribles heridas la habían casi decapitado.

Horrorizado, no deja pasar un minuto y avisa al primer policía
que hacía su ronda por el barrio, quién acompañado
de un médico distingue bajo la luz de una linterna que la muerte
le había sido provocada por dos golpes con arma blanca que le habían
seccionado la tráquea y el esófago. El cuerpo, todavía
caliente en partes, indicaba que el momento del crimen no debía
de haber sido de más de media hora antes de haber encontrado el
cuerpo. Tras un examen más detallado en la sala de autopsias, descubren
además que había sido brutalmente golpeada en la mandíbula
inferior izquierda (posiblemente por una persona zurda), y que su abdomen
había sido mutilado.
Por lo demás, el asesino no había dejado otras pistas tras
de sí, ni testigos, ni el arma homicida. Ninguno de los vecinos
oyó nada.

La identificación de la víctima no fue tarea fácil,
aunque unos días después su padre y su ex marido identifican
el cuerpo de una mujer de 42 años, prostituta, llamada Anne Mare
Nichols y conocida como Polly.

Polly había estado casada y tenía
cinco niños, pero su adicción al alcohol había hecho
que su matrimonio se rompiera. Desde entonces, sola, había vivido
de sus pobres ingresos de prostituta.

El lunes 6 de agosto, varias semanas antes del primer crimen oficial del
Destripador, Marta Tabram, una prostituta de 39 años, había
sido hallada muerta con 39 puñaladas; y algunos meses antes, Emma
Smith, una prostituta 45 años, había sido agredida salvajemente
en la cabeza y le habían introducido un objeto en la vagina. Seguramente
estos dos crímenes no tenían nada que ver con nuestro asesino,
más que nada porque la firma del Destripador era más ritualista
que los simples golpes y puñaladas, pero aún así,
el terror ya se había apoderado de las almas de los habitantes
del distrito londinense.

Annie Chapman era una mujer sin hogar propio que vivía en pensiones
comunes cuando disponía de dinero para el alojamiento de una noche,
y cuando no era así, se dedicaba a vagar por las calles en busca
de clientes que le proporcionasen alguna moneda para bebida, refugio y
alimento. No siempre había sido así, unos años antes
estaba casada y con tres niños, pero todos murieron, unos por enfermedad
y otros por accidente. Fue un golpe muy duro, nunca se repuso. Así,
en estado de depresión permanente comenzó a beber para sobrellevar
su soledad.

Su cuerpo fue hallado mutilado en la calle del Mercado de Spitalfields
a las 6 de la mañana, y nadie había ido testigo de los hechos.
Su intestino estaba en el suelo entre un gran charco de sangre y una profunda
incisión cruzaba su cuello de lado a lado.


Todo parecía indicar que había sido asesinada en ese mismo
sitio. No había señales de defensa por parte de la víctima,
y lo curioso es que cerca de su cadáver se encontraron un pequeño
pañuelo, un peine y un cepillo de dientes, que parecían
haber sido colocados en un orden concreto por el asesino.

Según el médico forense que vio el cadáver, el asesino
había agarrado a Annie por la barbilla y la había degollado
por la espalda de izquierda a derecha, y por la fuerza empleada, posiblemente
con la tentativa de decapitarla. Eso le había causado la muerte.
Las otras heridas infligidas y las mutilaciones abdominales habían
sido realizadas post mortem: el abdomen había sido abierto para
extraer la vagina, el útero y la vejiga, que no fueron hallados.
Las incisiones eran limpias, como si se tratase del trabajo de un experto
en anatomía, o por lo menos el de alguien con los conocimientos
anatómicos y la habilidad suficiente para poder abrir el cuerpo
y extraer los órganos con mucho cuidado de no dañar otras
partes internas. El instrumento utilizado parecía ser un cuchillo
estrecho con lámina fina y muy afilada, la clase de cuchillo que
utilizaban los cirujanos y los carniceros.


Una señora de nombre Elizabeth Long que se dirigía al mercado
esa mañana, pudo aportar un testimonio valioso: a las cinco y media
de la madrugada había visto a un hombre conversando con una prostituta
que identificó como Annie Chapman. Lamentablemente el hombre estaba
de espaldas y no pudo ver su rostro, pero sí distinguió
la silueta de un hombre de unos 40 años, elegante, que portaba
un sombrero y un abrigo oscuros. La hora de la muerte se estimó
entonces entre las cinco y media y las seis de la mañana, hora
en la que fue descubierto el cadáver, lo que significaba que el
asesino actuaba rápidamente y con gran precisión.


La falta de indicios hacía que la investigación avanzase
lentamente. Todo el mundo había relacionado las muertes entre ellas,
y a pesar de que la policía se mantenía en el más
absoluto de los silencios, los periódicos no dejaban de alimentar
cada rumor escuchado, lo que servía para aumentar la cólera
y el miedo de los vecinos. Desde Scotland Yard se llegó a ofrecer
una gratificación para quien aportase algún dato válido
sobre la identidad del asesino, pero lo único que consiguieron
fue que los vecinos aprovechasen sus diferencias y se denunciasen entre
ellos, deteniendo simplemente a algunos falsos culpables, excéntricos
o alcohólicos que aseguraba ser el descuartizador de prostitutas,
aunque tras numerosas investigaciones y por el hecho de que todos carecían
de habilidades médicas o que tenían coartadas, no tardaban
en recuperar la libertad.


El 25 de septiembre, la Agencia Estatal de Noticias recibió una
nota en tinta roja firmada por el propio Jack el Destripador cuyo contenido
era:


"Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía
me ha cogido, pero en realidad todavía no me han pescado. No soporto
a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que
haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo,
a la dama en cuestión no le dio tiempo a chillar. Me gusta mi trabajo
y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías
y de mi gracioso jueguecito..."

Firmado: Jack el Destripador, desde el Infierno.

A partir de entonces seguiría escribiendo cartas y poemas destinados
al jefe de la policía londinense jactándose de su habilidad
para escabullirse en la oscuridad de las calles y evitar ser atrapado
por la multitud que le perseguía, o haciendo alarde de la perfección
de sus crímenes y anticipando otros nuevos ataques, siempre seguro
de sí.


El domingo 30 de septiembre, se descubría otro cadáver en
la calle Berner sobre la una de la mañana. Tras pedir ayuda a la
policía, vieron que se trataba de una mujer, cuyas faldas habían
sido levantadas por encima de sus rodillas. Un forense llegó a
la escena del crimen con su ayudante un cuarto de hora más tarde.
Entre los dos detallaron sus conclusiones de la exploración:
"La difunta yace sobre su lado izquierdo, su cara mira hacia la pared
derecha. Sus piernas han sido separadas, y algunos miembros están
todavía calientes. La mano derecha está abierta sobre el
pecho y cubierta de sangre, y la izquierda está parcialmente cerrada
sobre el suelo. El aspecto de la cara era bastante apacible, la boca ligeramente
abierta. En el cuello hay una larga incisión que comienza sobre
el lado izquierdo, 2 ½ pulgadas por debajo del ángulo de
la mandíbula casi en línea recta, seccionando la tráquea
completamente en dos, y terminándose sobre el lado contrario...
"

El asesino no se había ensañado tanto esta vez como en las
anteriores. Posiblemente había sido interrumpido mientras la degollaba
y hubiese huido antes de completar su ritual.

La joven prostituta fue identificada como Elizabeth
Stride, de origen sueco, que había venido a Inglaterra para ganarse
la vida tras el fallecimiento de su marido y sus dos hijos en un accidente
marítimo.


Esta vez, varios testigos declararon haberla visto momentos antes de su
muerte acompañada por un hombre de unos treinta años con
pelo y bigote negros, vestido con un abrigo negro y un sombrero alto,
que portaba un bulto, como un maletín.

Mientras la policía se enfrentaba al hallazgo de este nuevo cadáver,
a pocas calles allí un guarda nocturno descubría el cuerpo
de otra víctima degollada. Su abdomen había sido abierto
y los intestinos se encontraban en el suelo, además tenía
varias heridas por todo el cuerpo. Los miembros estaban todavía
calientes, la data de la muerte no debía ser de más de media
hora desde el descubrimiento del cadáver.

No había otros indicios más que un escrito con tiza blanca
sobre una pared que decía: "No hay porque culpar a los judíos",
supuestamente obra del asesino. Antes de que la inscripción pudiese
ser fotografiada, el Comisario de la Policía londinense Charles
Warren ordenó que fuese borrada, según él porque
se trataba de una falsa pista del criminal tratando de culpabilizar a
la comunidad judía, y si algún londinense lo leía,
podía provocar una revuelta contra ellos.

La víctima era Kate Eddowes, quien como las demás, tenía
por oficio el de la prostitución y como afición, la bebida.
Sus padres habían muerto cuando ella era joven y a los 16 años
se fue a vivir con un hombre, con quién tendría tres hijos.
Los malos tratos por parte de éste obligaron a que se fuera de
casa, y su adicción al alcohol la obligó a alquilar su cuerpo
en las calles.

Como en las muertes de Polly Nichols y Annie Chapman, la garganta de Kate
había sido degollada de izquierda a derecha, le habían seccionado
el vientre y extraído algunos órganos, entre ellos uno de
los riñones.


Después de esto, las cosas parecieron volver a la normalidad en
Whitechapel. No hubo ningún otro asesinato durante un mes y las
prostitutas regresaron a las calles más tranquilas. Desgraciadamente,
la paz duró poco, pues el 9 de noviembre, otra mujer apareció
salvajemente asesinada.

Se trataba de Mary Kelly, una atractiva joven de 21 años que se
dedicaba a la prostitución para poder mantenerse a ella misma y
a su pareja, que se encontraba sin trabajo.

Esa mañana, el locatario subió a la habitación de
Mary para cobrar el alquiler mensual, pero nadie contestó a su
llamada. Decidió abrir la puerta él mismo, horrorizándose
por lo que descubrió...



Sin duda era el crimen más violento de
Jack el Destripador. El cadáver estaba tumbado sobre la cama
con múltiples heridas de arma blanca, completamente mutilado
y con la arteria carótida seccionada. La ferocidad de este asesinato
asombró a los cirujanos veteranos de policía. El médico
forense necesitó varias páginas para redactar el informe
de las lesiones y órganos extraídos.


Este asesinato creó el pánico absoluto en el barrio, haciendo
estallar episodios esporádicos de violencia en la muchedumbre.
La actividad policial era frenética, cada rincón fue registrado,
cada sospechoso detenido e interrogado a fondo, pero no por eso la policía
dejaba de ser duramente criticada. Nunca más se volvió
a saber del asesino. No hubo más cartas ni más crímenes,
parecía que Jack el Destripador hubiese abandonado la escena
del crimen para siempre, y finalmente el caso fue cerrado en 1892, el
mismo año en que el Inspector encargado del caso se retiró.


Lo
cierto es que nadie puede saber si ésta es la verdadera historia
o si es otro de los relatos que inspira este terrible personaje. Lo único
que hoy en día tenemos claro es que no se trataba de un delincuente
cualquiera. Sus hechos demuestran que era una persona con gran inteligencia
y tal vez una educación superior a la población de Withechapel,
incluso puede que fuese alguien de clase alta. Tal vez tuviese un trastorno
de la sexualidad o un trastorno mental que le provocase esa compulsividad
y obsesión a la hora de cometer los crímenes. Su afán
de reconocimiento y el hecho que resaltase con las cartas enviadas a la
prensa su inteligencia, demuestra que también era una persona insegura
y llena de complejos. Pero mientras Scotland Yard mantenga sus archivos
en el más absoluto secreto, otros autores seguirán suscitando
sospechosos que mantengan la leyenda del Destripador viva.
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Re: asesinos seriales - jack the riper

Mensaje por Omar Ulloa el Miér 19 Mayo 2010, 10:44 pm

Interesante historia esta, yo conocia algo sobre este famoso personaje, pero no tan a fondo como se describe aqui, en la pelicula DESDE EL INFIERNO, se cuenta la historia de Jack, pero si no mal recuerdo creo que habla sobre la masoneria y como Jack fue contratado para matar a esas mujeres, ya que con ellas se habia acostado un personaje importante de esa epoca y por precaucion a que quedase embarazada alguna de las prostitutas Jack tuvo que hacer ese sucio trabajo, estaba mucho en juego y por eso se tomaron esas medidas, espero que puedas poner ma informacion sobre este caso spike, esta muy interesante y me gustaria saber mas.
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